En la vorágine de los días, las convivencias repetidas, el estado de prisa perpetua, el tomar lo cotidiano como un hecho sin importancia o simplemente esta especie de apatía omnipresente hace que no reconozcamos todo lo dichoso, bendecidos, suertudos, bienaventurados que somos y por lo que podríamos y deberíamos estar agradecidos, incluso a esas cosas que no nos gustan pero que después nos llevan a otras mejores. Es decir Agradecer es un acto de conciencia, de vida plena de darse cuenta, de estar despierto y no sólo con los ojos abiertos, es sentir por la piel la amabilidad que le roza, los pensamientos de buena energía. Agradecer es más que un acto de dar, es un acto de reconocer y recibir, o en últimas aceptar que eres alguien vivo a quien la vida le ha dado algo, la vida misma. MUCHAS GRACIAS.

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