jueves, 26 de septiembre de 2019

NEOGÉNESIS


Nadie pudo haber imaginado cuanto cambiarían sus vidas luego del gran incendio, no pudo haberse presagiado que nada sería igual después de él.  Al principio se pensaba que sería un evento más, que una vez llegadas las lluvias se convertiría en un tema sin importancia, que los avatares políticos, tal vez algún escándalo amoroso o feminicidio cubrirían el interés de las poblaciones mundiales siempre enfrascadas en las dinámicas de sus ciudades, buscando el sustento o el ascender de empleo o temiéndole al crecimiento de la delincuencia a la inseguridad laboral. La bolsa de valores de Wall Street no pudo vaticinar que su cierre estaba tan cercano, que todo cuanto creíamos importante y valorable perdería o cambiaría de valor ante la innegociable realidad de la subsistencia, donde grandes y fuertes, oligopolios y empresas se reducirían a personas con un futuro apenas visualizable ante el gran desastre.

Tres años fueron suficientes para que lo inagotable muestre su escases, para que expertos, gobiernos y empresas admitan que todos los oscuros presagios sobre el futuro de la humanidad eran reales y no sólo la fiebre de alarmistas. Tenía que caerse el techo para ver la gotera.

Fue viernes cuando la ONU lanza un discurso tranquilizador, o que intentó serlo, como siempre la ONU tratando el status quo, la pasividad, el mantener los grandes negocios cuidados y a los otros tranquilos. Pero aquella mañana no era otra más, no era una mañana que admitiría el discurso insulso y vacío, si acaso no lo son todos.  Tembló la tierra, los vientos eran desconocidos y furiosos.
Nadie sabía dónde ir, el llanto no alcanzaba, habíamos superado la barrera del dolor, donde se buscaba un refugio para la vida propia, y el refugio más difícil de encontrar era el de la tranquilidad interior, pasamos de especie dominante a especie perseguida, por la misma naturaleza que cobraba otra forma, con todos sus brazos, con todas sus caras.

Daniela se encontraba mirando por la ventanilla de la casa de nuestro abuelo mientras yo la miro y escribo éstas líneas, vemos como llega ésta columna de fuego y agua, sabiendo que no hay nada que podamos decir, hacer o proponer que cambie nada, o mejor dicho que evite, que todo cambie.


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